martes, 20 de mayo de 2014

Videojuegos: De la afición a la adicción (I).


Desde hace muchísimos años, los videojuegos han sido un acompañante más de nuestra infancia, adolescencia y (cada vez más) de nuestra etapa adulta, convirtiéndose en un hobby que permite desconectar del estrés de la vida diaria y divertirnos, sin necesidad de salir de casa. Sin embargo, llevada al extremo, la práctica de videojuegos puede convertirse en toda una adicción tecnológica, algo que ahora se ha vuelto potencialmente más peligroso con la aparición de nuevas herramientas portátiles (tablets, teléfonos inteligentes, etc.), en las que además de otro tipo de aplicaciones, también hay videojuegos.

-Poder adictivo de las nuevas tecnologías.

El potencial adictivo de los videojuegos reside en múltiples causas. Por un lado, su fácil acceso: ¿Quién no ha tenido una videoconsola en casa o ha jugado en alguna ocasión con alguna? Cualquier persona puede acercarse a una tienda de videojuegos y adquirir este tipo de productos de ocio, no hay absolutamente nada de malo en ello, los problemas vienen del abuso de estas tecnologías. Otro factor importante es que la mayoría de los videojuegos no requieren esfuerzo físico (aunque sí mental, pudiendo mejorar algunas funciones cognitivas en la infancia y adolescencia), por lo tanto lo único que requieren es encenderlos y pasar horas y horas delante del televisor, dejándose de realizar otras actividades más productivas académicamente o más saludables. Además, los videojuegos están diseñados a modo de “reto” que hay que superar, lo que obliga a invertir gran cantidad de tiempo en ellos, produciéndose esa sensación de “adicción”, de no poder parar de jugar hasta que no se consiguen las metas deseadas. Y en cuanto a la infancia, el uso de videoconsolas, ordenadores y tablets se está generalizando en los últimos años entre los niños, convirtiéndose en un sustituto de los modos de educación y juegos tradicionales, lo que está motivado en parte por la menor necesidad de implicación de los padres en estos juegos. Por ello, muchos niños crecen tomando los ordenadores y videojuegos como una herramienta habitual y de uso muy frecuente en sus vidas.

-Adolescentes y videojuegos.


La adolescencia es una etapa vital en la que las adicciones tecnológicas pueden ser especialmente peligrosas. Una familia en la que uno de sus miembros esté completamente “enganchado” a los videojuegos puede ver reducida su comunicación, lo que dificulta enormemente la buena convivencia y un clima familiar positivo. Además, los adolescentes que invierten casi todo su tiempo libre en videojuegos pueden llegar a aislarse de su grupo social, lo que podría influir en una mayor dificultad de integración e identificación con sus compañeros de clase o amigos. En estas edades, los videojuegos pueden también convertirse en una forma de desconectar de los problemas, evitando así la resolución efectiva de los mismos o la realización de otras actividades de “distensión” más saludables (como la práctica de deporte), lo cual conecta con otro gran problema del abuso de videojuegos: El sedentarismo, que podrían derivar en otros problemas de salud más importantes.

Sin embargo, no todo es negativo: En un término aceptable, los videojuegos pueden ser un pasatiempo realmente divertido e interesante, y a nivel profesional pueden incluso convertirse en un modo de vida. De todo ello os hablaré en otra próxima publicación, ya que con este post comienza la colaboración con el Blog de mi gran amigo MK Geek, en la cual analizaremos (desde el punto de vista de la Psicología y del Marketing) el enorme potencial que tienen los videojuegos. Además, próximamente publicaremos otros posts conjuntos sobre temas muy interesantes en los que ambas disciplinas se complementan. Hasta entonces, os dejo con el link de un vídeo muy breve sobre algunas recomendaciones para evitar llegar a niveles adictivos en el uso de videojuegos y nuevas tecnologías en niños y adolescentes.

David Olivares Valles
@davipsico

lunes, 14 de abril de 2014

La mente del corredor.


En los últimos años, el “running” (o como se ha llamado toda la vida “salir a correr”) se ha establecido como una nueva moda a nivel mundial, tomándose como un estilo de vida, una rutina que a muchos nos es imposible dejar e incluso convirtiéndose en una poderosa arma de negocio. Pero, ¿qué hay de cierto en que salir a correr es siempre beneficioso para la salud? ¿Puede el running mejorar también nuestra salud psicológica? ¿Se puede utilizar como una herramienta para un importante cambio personal?

-El importante papel de las endorfinas.

Las verdaderas responsables de quedar “enganchados” a correr son las endorfinas. Son neuropéptidos, liberados por la glándula hipófisis, que nuestro cerebro produce ante la realización de determinadas actividades (no sólo corriendo, sino también con otro tipo de actividades placenteras o consideradas relajantes) y que tras correr producen en nuestro cuerpo una sensación de bienestar, de felicidad, que hace que queramos volver a salir a correr, que queramos ir más allá o que queramos ponernos nuevos retos u objetivos deportivos.

-Correr más beneficia a tu mente.

Como otros deportes, el running es una muy buena forma de combatir el estrés de la vida diaria, de liberar tensiones y también, debido a los ya mencionados efectos en nuestro cerebro, de reducir síntomas depresivos o bajos estados de ánimo. Dentro del estresante modo de vida actual, en muchas ocasiones salir a correr nos proporciona el tiempo perfecto para desconectar, o por el contrario, para reflexionar sobre las preocupaciones de nuestra vida laboral, social o personal, interviniendo así en la solución de problemas. También puede ser una importante herramienta para la motivación personal, es decir, para el establecimiento de nuevos objetivos, promoviendo la cultura del esfuerzo y aumentando la autoestima y autoeficacia personales tras la consecución de los mismos. Y a pesar de que es una actividad que puede realizarse de forma individual, su práctica en grupo es una manera perfecta de fomentar nuestras relaciones sociales, crear sentimiento de grupo y mejorar la comunicación intergrupal.

-Correr con cabeza.


Durante años, parecen haberse corroborado la enorme cantidad de efectos beneficiosos que correr tiene en la salud física, efectos que se extienden desde un mejor funcionamiento de los sistemas circulatorio, hormonal, óseo, etc., hasta el sistema nervioso e incluso el inmunitario, además de que es una actividad recomendable para perder peso y disminuir los niveles de grasa corporal. Sin embargo, correr es una actividad cuyo progreso ha de realizarse escalonadamente, poco a poco. En caso de principiantes, se ha de tener en cuenta además el estado de salud previo antes de empezar a correr, ya que, por ejemplo, una persona que se está recuperando de alguna lesión o sufre de una enfermedad puede empeorarla si corre. Y por otro lado, en el caso de correr con el objetivo de finalizar alguna carrera (10 kilómetros, Maratón o medio Maratón, etc.), siempre será recomendable la ayuda de un técnico o especialista que te asesore con un determinado plan de entrenamiento, ya que si realizas sobreesfuerzos, sobreentrenamientos, o por el contrario corres una carrera sin la preparación adecuada, tu salud se puede ver perjudicada. Además, hay que tener siempre en cuenta determinadas pautas de alimentación (algo imprescindible), descanso, sueño y recuperación muscular que permitan mejorar todavía más el rendimiento deportivo.

En conclusión, si bien correr es una actividad implícita en otros deportes, también puede ser una disciplina en sí misma que, ya sea a nivel amateur o competidor, puede convertirse en algo más que un hobbie: Por experiencia propia, el running puede suponer un gran cambio personal. En futuros posts os contaré cómo será mi paso por mi primer Maratón, el Rock and Roll Madrid Maratón de este año. Hasta entonces… ¡A CORRER!


David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 14 de febrero de 2014

La autoestima en la tercera edad.


A pesar de los avances en geriatría y la variedad de recursos asistenciales con los que cuentan nuestros mayores hoy en día, en muchas ocasiones nuestra sociedad (y casi sin darnos siquiera cuenta) tiende a considerar a los ancianos como a “trastos viejos”, sin ninguna utilidad; meros entes que miran la poca vida que les queda correr ante sus ojos. Muy pocas veces pensamos que son un foco de experiencia, de sabiduría, que siguen necesitando participar en la sociedad y, sobre todo, que siguen necesitando nuestro cariño.

-El trato que reciben los mayores.

Sobre las personas ancianas, al igual que ocurre con otros grupos sociales, existe todo un cúmulo de prejuicios y estereotipos que entorpecen la aparición de una visión positiva de la vejez. Se les percibe como personas cansadas, muy tradicionales, ancladas en el pasado, aburridas, dependientes, solitarias… Estos prejuicios pueden provocar que, en ocasiones, los familiares y/o amigos del anciano no le dispensen el trato más correcto, ya sea mediante conductas verbales inapropiadas, agresividad, falta de apoyo, descuido en la higiene o alimentación (si el anciano es dependiente), aislamiento, etc.; todo ello con fatales consecuencias para el bienestar físico y psicológico del anciano. Si a la aparición de ciertas actitudes discriminatorias unimos las pérdidas que suelen ocurrir en esta etapa vital (pérdida del trabajo por la jubilación, muerte del cónyuge u otros familiares y amigos, pérdida de alguna capacidad como consecuencia de alguna enfermedad, etc.) y la difícil situación socio-económica (crisis, pensiones insuficientes, pocos recursos sociales, etc.) la vejez puede convertirse en un periodo realmente complicado; un final del camino con muchas cuestas.

En algunos casos, son las propias personas mayores las que (por ejemplo, una vez se jubilan) creen en ese enfoque “triste” de la última etapa de sus vidas, por lo que se ajustan a esa determinada forma de ser, algo que puede provocarles problemas de depresión, ansiedad o soledad si su forma de ser anterior no encaja con la visión que los de su alrededor, y él mismo, tienen de la vejez. Sin embargo, el percibir la propia vejez de un modo u otro depende en gran medida de la personalidad del anciano, de su nivel educativo, de la preservación de sus capacidades cognitivas, de su estado de salud y de su autoestima.

-Los pilares de la autoestima.

La vejez es una ciclo vital que pone en serio riesgo la autoestima personal. Por un lado, el cambio de rol social (de trabajador a jubilado, por ejemplo) puede ser peligroso para la propia valoración que un anciano realiza de sí mismo si, por ejemplo, toda su vida estaba centrada en torno al trabajo, ya que puede llegar a sentirse una persona inútil, sin valor, sin nada que hacer. Lo mismo ocurriría en otro anciano que, acostumbrado a realizar únicamente ejercicio físico en un cierto nivel (sin cuidar sus relaciones sociales), sufriera una enfermedad que le impidiera siquiera salir a caminar todos los días. Por tanto, conforme vamos haciéndonos mayores conviene dividir los pilares de nuestra felicidad entre las diversas opciones que la vida nos ofrece; es decir, ir forjando diferentes áreas en las que nos sintamos útiles y satisfechos en nuestra vida, algo que favorecerá una vejez más rica y preservará nuestra autoestima en caso de que uno de esos pilares se derrumbe.

En el caso de ancianos residentes en instituciones (residencias, hospitales geriátricos, centros de día, etc.), su autoestima dependerá, además de todo lo anterior, del trato recibido en la misma, de los servicios que la institución ofrezca, de las relaciones sociales que el anciano haya establecido y de cómo se mantenga la relación familiar (frecuencia de visitas, apoyo social, emocional e instrumental de la familia, etc.). En este punto resulta fundamental destacar que muchos ancianos, por diversos problemas (demencias, síndromes de inmovilización provocados por enfermedades crónicas u otros) son completamente dependientes para todas las actividades básicas de la vida diaria; sin embargo, es fundamental intentar preservar su autoestima y dignidad personal.

-Dignidad personal en ancianos dependientes.


Con aquellos ancianos, sean nuestros pacientes o nuestros familiares, que no se pueden mover, que no pueden hablar o que ni siquiera parecen entender lo que decimos o hacemos, es especialmente importante ser cuidadosos y cariñosos. Puede que un anciano pierda (por diversas circunstancias) calidad de vida, pero nunca debe perder su dignidad personal. Esto se traduce tanto en la necesidad de llevar a cabo sus cuidados de forma rigurosa y efectiva (higiene y aseo personal, curas o toma de medicación, entre otros) como en seguir hablándoles, teniéndoles en cuenta, darles cariño y hacerles compañía. Un "buenos días", un beso, una caricia o una simple sonrisa, todas esas cosas que en nuestra sociedad han quedado relegadas como algo insustancial, pueden suponer la felicidad de un anciano dependiente.

Todo esto no es más que una pequeña aproximación a la gran problemática psicosocial que plantea la vejez. Lo importante es dejar de manifiesto que tenemos que procurar entender las necesidades y los cambios de nuestros ancianos, desde la perspectiva más proactiva y positiva posible, y por otro lado (para cuando nosotros lleguemos a esta edad) saber que es importante cuidar no sólo nuestra salud, sino también nuestra mente. Finalizo este post, por un lado, con el tráiler de la película “Arrugas” (basada en el cómic homónimo) que os recomiendo encarecidamente; es una muy buena reflexión sobre los cambios que produce la vejez y la enfermedad de Alzheimer.


Y por otro, con la fantástica canción de Amaral “Olvido”, que me emociona cada vez que la escucho. Porque un anciano con Alzheimer puede olvidar muchas cosas, pero jamás olvidará sus sentimientos.


David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 31 de enero de 2014

La gestión del conflicto en las organizaciones.


Hora de escribir sobre una de las áreas de la Psicología que más interés me suscita: La Psicología del Trabajo (para mis colegas psicólogos, no lo digo irónicamente: Siempre fue mi rama favorita durante la carrera). Adentrándome un poco más en el ámbito organizacional, un tema siempre candente, y para el que típicamente se suele decir que “los psicólogos venimos bien”, es el manejo de un conflicto dentro de una empresa. 

-Principales fuentes de conflicto dentro de una organización.



Si bien las “peleas” que se pueden producir en el trabajo parecen algo trivial y se consideran habituales en múltiples puestos, pueden suponer un evento con consecuencias muy graves, como por ejemplo, despidos, la generación de un mal clima laboral en la empresa (lo que afecta muy negativamente al rendimiento óptimo de la misma), o incluso el cierre de grandes corporaciones empresariales (algo que, por desgracia, estamos observando demasiado últimamente). Se puede definir un conflicto organizacional como una situación en la que uno o varios miembros de un grupo de trabajo defienden una postura en un problema o en una tarea que es notablemente diferente a la postura defendida por otros trabajadores del mismo grupo, produciéndose una tensión que hace que se reduzca la cohesión grupal. Algunos de los focos de un conflicto laboral pueden ser (entre otros):

-Un diseño erróneo de la estructura organizacional (por ejemplo, que haya relaciones demasiado “verticales”, en las que los puestos directivos ejercen demasiado poder en la capacidad de toma de decisiones de otros puestos situados más abajo en el organigrama de la empresa, produciéndose además una comunicación insuficiente entre la rama directiva y el grueso de trabajadores).

-Reducciones de plantilla (lo que provoca despidos, siempre problemáticos, y más todavía con la situación de enorme crisis económica actual).

-Un liderazgo excesivamente autocrático o poco democrático (por parte del jefe o los encargados).

-Distancia entre los valores personales y cultura del trabajador, y los valores y cultura organizacionales de la empresa (como ejemplo radical, un vegetariano que trabajase en una empresa cárnica).

-El ser una empresa de gran tamaño (a más trabajadores y procesos de trabajo, aumentan las posibilidades de que aparezcan conflictos).

-Desacuerdo con los aspectos extrínsecos o externos del trabajo (retribución económica, horarios, organización de días libres y vacaciones, etc.).

-Disconformidad con los aspectos intrínsecos o propios del trabajo realizado (monotonía, esfuerzo físico realizado, etc.).

-Condiciones inadecuadas de trabajo y riesgos laborales (inadecuadas condiciones térmicas, lumínicas o sonoras, problemas por aspectos ergonómicos, etc.).

-Mal ajuste al puesto de trabajo (que un trabajador no posea la formación, los conocimientos o las aptitudes necesarias para desempeñar un determinado trabajo, o por el contrario sus capacidades excedan los requerimientos, produciéndose un “conflicto de rol”).

-Desobediencia o insubordinación a las fuentes de poder (es decir, a los jefes; no realizar las tareas según sus indicaciones).

-En contextos industriales, el incumplimiento de los objetivos de producción establecidos.

-Otros problemas relacionados con variables psicológicas (poca motivación laboral, insatisfacción con el trabajo, ambigüedad sobre las tareas a realizar, problemas de depresión, ansiedad o estrés en los trabajadores, etc.).

-Algunos consejos básicos para solucionar conflictos empresariales.

Parece obvio que no existe una fórmula mágica para solucionar un conflicto en la empresa, y es que cada problema tiene que ser abordado de diferente forma según su origen, partes implicadas y relevancia. Lo que sí es muy importante, el primer paso que se debe dar, es querer solucionar el conflicto. Es decir, tener la disposición de volver a un estado de equilibrio, de cohesión grupal. Muchas veces, el conflicto está tan sumamente arraigado a la estructura de la empresa que sus trabajadores o directivos están habituados a que sea parte de la rutina diaria. Una solución sencilla pero muy eficaz sería aplicar una técnica muy habitual en el abordaje de problemas en consulta psicológica, pero esta vez dirigida hacia el ámbito organizacional: La técnica de resolución de problemas y toma de decisiones. El primer paso podría ser orientarse hacia el conflicto, como ya he comentado, que una de las partes se hiciera consciente de que hay una dificultad que hay que solucionar. Después, en un contexto en el que todos los implicados en el conflicto estuvieran presentes (por ejemplo, una reunión de trabajo), se debería pasar a la definición y formulación del conflicto, operativizar cuál es la discusión y a qué objetivo se pretende llegar. Tras ello, lo adecuado sería la generación de alternativas, las ideas que ambas partes o miembros del equipo de trabajo aportan para solucionar la situación. Más tarde, ambas partes deberían pasar a la toma de decisiones, es decir, a elegir cuál de las actuaciones propuestas lograría acercar ambas posturas en mayor medida. Y por último restaría la verificación, es decir, la comprobación de si el plan de acción empresarial propuesto ha logrado dar solución a la situación conflictiva (si no es así, se debería empezar de nuevo el proceso, o bien llevar a cabo un cambio organizacional). En la mayoría de las ocasiones, resulta recomendable la presencia de un mediador en el proceso de gestión de un conflicto, aportando una postura neutral que favorezca la negociación entre las partes implicadas. Por otro lado, en la resolución de conflictos son muy importantes unas buenas habilidades de comunicación, destacando la asertividad (forma de comunicación situada en un punto intermedio entre agresividad y pasividad, que supone decir lo que se piensa pero de forma adecuada y sin dañar al otro), y la escucha activa; ambas nos permitirán conocer a fondo la postura del otro y nos ayudarán a ser más empáticos, a ponernos en su lugar, lo que favorecerá una comunicación más efectiva y fluida en la resolución del problema. Y, por supuesto, resulta muy importante la prevención: La dirección de la empresa y el departamento de Recursos Humanos correspondiente (si lo hubiera), deben estar atentos a los diferentes focos de riesgo de que se produzca un conflicto importante, realizando las actuaciones necesarias para favorecer un clima laboral positivo.

Para concluir, si bien hay que tener en cuenta que estar en una empresa sin conflictos resulta prácticamente imposible, todo lo anterior plasma la importancia de una correcta gestión de los Recursos Humanos, tanto desde la incorporación de un trabajador (selección de personal) como una vez instaurada la organización de los diferentes procesos de trabajo (estructura organizacional). Y para los que os encontréis en una empresa problemática, espero que este post os haya ayudado a reconocer algunos focos de riesgo para que surja un conflicto y, si ya ha aparecido, os motive a resolverlo.


David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 17 de enero de 2014

¿Por qué no aprendemos inglés?


Tras unos días esforzándome por ponerme al día en mis clases sobre este fantástico idioma, he recordado la siempre utilizada frase de “el inglés tiene que aprenderse cuando eres pequeño, si no después es imposible” para justificar lo difícil que nos resulta llegar a un nivel óptimo en las diferentes destrezas lingüísticas inglesas. Y es cierto: Para llegar a ser bilingüe (en cualquier lenguaje) no hay nada mejor como empezar a practicar el idioma desde los primeros meses de vida. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Cuáles son los mecanismos cerebrales responsables de esta incapacidad (o mayor dificultad) para adquirir un nuevo idioma una vez somos adultos? ¿Es posible llegar a defenderse en un idioma no materno si se empieza a practicar a edades adultas?

-Algunos procesos cerebrales involucrados.


Para realizar un breve apunte al complejo proceso mental que supone aprender un lenguaje, habría que destacar el cada vez más popular concepto de plasticidad neuronal. Este proceso, definido como la capacidad de las neuronas para modificar sus estructuras y funciones según estímulos internos y externos, es el responsable de la adquisición de nuevos aprendizajes, entre los que puede encontrarse aprender un nuevo idioma. Esta capacidad, que nos permite entender el cerebro como un órgano plástico o moldeable, consiste en la generación de conexiones cerebrales, formando nuevas sinapsis (conexiones entre neuronas) tras una serie de complejos procesos neuroquímicos. Pues bien, desde que nacemos empezamos a conectar unas neuronas con otras, y si pensamos que el cerebro de un niño de 6 años ya ha alcanzado el 90% de su valor adulto, podemos entender lo importante que resulta en la infancia estimular la adquisición de un nuevo idioma, exponerle a él, si queremos que un niño lo aprenda (si bien es importante destacar que la maduración neuronal no ocurre al mismo tiempo en todas las áreas del cerebro). Esta plasticidad neuronal es mayor en los primeros años de vida y va disminuyendo gradualmente con la edad, lo que ha llevado a pensar que existe un “periodo crítico” para la adquisición de un nuevo lenguaje, que finaliza alrededor de la pubertad, y tras el cual comenzaría el declive en la habilidad de adquisición lingüística. Esta teoría iría ligada al concepto de especialización neuronal, ya que desde el nacimiento las neuronas van especializando sus funciones, también las lingüísticas, hasta la adolescencia. Por tanto, a medida que maduramos y la organización de nuestro cerebro va haciéndose más especializada, tiende a bajar nuestra capacidad para aprender otro idioma (si bien he de mencionar que esta teoría se encuentra bajo revisión por parte de investigadores y psicolingüistas, ya que plantea una potencialidad limitada en el aprendizaje lingüístico en los adultos). A pesar de esto, se ha de destacar que frente a la menor plasticidad lingüística y (habitualmente) mayor timidez de los adultos a la hora de practicar un nuevo idioma, un adulto ha aprendido a aprender, a “intelectualizar” su aprendizaje, lo que favorece su capacidad de concentración, motivación y niveles de esfuerzo empleados en aprender un nuevo lenguaje.

-El papel de la motivación.

Por tanto, no está todo perdido: Con esfuerzo y tenacidad, un ser humano adulto puede lograr desenvolverse en otro idioma no materno. Especialmente con el inglés, parece que los castellano-parlantes tenemos una bonita relación de amor-odio: Nos gusta apuntarnos a clases, nos suena moderno o cool, siempre es un propósito de año nuevo, viajamos a países donde se habla… Pero no lo aprendemos. Y es que con hacer los ejercicios del Workbook no es suficiente: Para aprender un idioma hacen falta grandes dosis de motivación. Llámalo ponerle empeño, corazón o ganas, pero no aprenderemos un idioma (y realmente nada valioso en la vida) si no estamos motivados a ello. Por tanto, si quieres aprender un idioma, primero pregúntate "¿Por qué quiero aprenderlo? ¿Qué me motiva a ello? ¿Es por un factor interno (me gusta ese idioma y quiero aprenderlo) o externo (lo necesito para mi trabajo o estudios)?" Y tras decidir tus respuestas, establece un plan que se ajuste de manera adecuada a la consecución del objetivo que persigas. Pero cuidado, sé realista, ya que si te propones objetivos con estándares muy elevados o prácticamente inalcanzables (como dominar un idioma en pocos meses) será muy difícil que realmente los alcances, lo que te desmotivará en tu tarea y hará que probablemente abandones el aprendizaje. Por tanto, establece unos objetivos a corto plazo y con una dificultad intermedia (por ejemplo, ir avanzando en los diferentes niveles de un idioma poco a poco) y así, con tiempo, esfuerzo y constancia podrás alcanzar un óptimo nivel en el idioma que elijas.

Finalizo este post con un vídeo muy breve que explica la importancia de la exposición al estímulo (como he citado anteriormente, un ambiente que estimule el aprendizaje de ese idioma) para el aprendizaje de una lengua. Y para todos aquellos que, como yo, estén intentando dominar la lengua de Shakespeare, mucho ánimo… WE CAN!



David Olivares Valles
@davipsico 

viernes, 25 de octubre de 2013

¡Calentando motores!

¡Buenas noches mundo!

Desde cerca de un castillo os escribe David Olivares, psicólogo, desempleado, amante de la naturaleza, la mountain bike, el running, las series y unas cuantas cosas más. 

La idea es crear un Blog personal enfocado a temas psicológicos, sociales o de interés general. Pero mientras aprendo a navegar un poco más por este nuevo mundillo, os dejo con la canción que me ha inspirado el título de este Blog, prometiendo posts serios e interesantes en breve.

¡Nos leemos muy pronto! ;)


                                                                                   David Olivares Valles
@davipsico