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jueves, 1 de octubre de 2015

Micro-guía de Orientación Laboral III: Otros recursos.

¿Cómo va vuestra vida laboral? ¿Algún cambio en los últimos meses? Esperemos que si los ha habido, hayan sido para mejor. Bien, habiendo hablado en posts anteriores de herramientas de búsqueda de empleo más “clásicas”, en este post voy a centrarme en otros recursos que, aunque quizá no de forma directa, también te pueden ayudar a que encontrar trabajo te resulte un poquito más fácil. Para ello, vamos a desgranar el concepto de “empleabilidad”, centrándonos asimismo en métodos para mejorarla.

-¿Qué es la empleabilidad?


El concepto de empleabilidad podría definirse de forma sencilla como la probabilidad que una persona que busca empleo tiene de encontrarlo. Por supuesto, eso no es algo aleatorio; depende de múltiples factores y variables, y también del tipo de puestos que aspiras a ocupar. Una persona “empleable” es aquella cuya formación, experiencia, idiomas y/o circunstancias son favorables de cara a encontrar el trabajo que desea. Dentro de este concepto, también se ha de destacar la importancia que tienen aspectos psicológicos como la motivación, la capacidad de adaptación, habilidades, destrezas, competencias profesionales, etc. Por tanto, a mayor formación, mayor experiencia, más conocimientos de informática e idiomas y, por supuesto, a mejores herramientas y métodos de búsqueda de empleo, mayor es tu potencial y tu probabilidad de encontrarlo, y más grande es tu empleabilidad. En definitiva, estarás más adaptado a un mayor rango de puestos de trabajo.

Por otro lado, este concepto se ha de relacionar siempre con la rama profesional en la que se está buscando activamente empleo. Si, por ejemplo, buscas trabajo en una tienda de ropa, además de la formación profesional la experiencia previa en ese ámbito va a ser muy importante. Pero si, siguiendo el ejemplo, cuentas con experiencia en otro tipo de establecimientos (por ejemplo, un supermercado) quizá tu empleabilidad no sea la más adecuada o ajustada. Asimismo, la empleabilidad puede no ser la adecuada por exceso o por defecto, ya sea de experiencia o de formación; esto podría aplicarse a infinidad de profesiones con muchas ramas. Por ello, es muy importante seguir formándose siempre, aprendiendo, para saber más de otros ámbitos de tu misma carrera profesional. Y aquí entra en juego la formación continua.

-La formación continua.


En un mundo laboral tan sumamente cambiante como el actual, no podemos limitarnos a quedarnos con aquello que hemos aprendido durante los años de bachillerato, formación profesional o incluso carrera universitaria. La inestabilidad y la precariedad laboral pueden hacer que lo que ahora sabemos y utilizamos en nuestra profesión no nos sirva en otro puesto de trabajo, en el que nos requieran otros conocimientos o técnicas; de ahí la importancia de la formación continua a lo largo de la vida laboral. Actualmente, muchas empresas con una buena gestión de Recursos Humanos incluyen en su planificación anual formaciones internas para los empleados; pero si todavía estás buscando un trabajo es mejor ir formándote en distintas facetas, asistir a cursos, jornadas y congresos, aprender idiomas y certificarlos, etc. De esta forma, se amplía el abanico de ofertas a las que puedes estar bien adaptado.

-Otros recursos.

No puede negarse; otra forma muy recomendable de aumentar nuestras posibilidades de conseguir ese ansiado trabajo a día de hoy es “tirar” de contactos. Una buena gestión de contactos puede hacernos ascender en empleabilidad. Pero tampoco sirve el hacerlo de cualquier manera: Una gestión eficiente de nuestra red de contactos profesionales incluye el saber utilizarlos de forma racional, consecuente y no “aprovechada” o pesada. Pide a aquellos profesores con los que más confianza hayas establecido que te informen de aquellos cursos, másters u ofertas que te puedan interesar; intenta hablar directamente con los directores de las empresas cuando les entregues el CV; véndete bien (o, al menos, inténtalo: cómo evitar ponerte nervioso en una entrevista); crea unas tarjetas de visita profesionales y entrégalas con tu CV; cuida tu reputación on-line (es decir, qué y cómo publicas en las redes sociales), etc. En este sentido, también son muy útiles las redes sociales de carácter profesional, tipo LinkedIn, ya que aumentan tu visibilidad entre los círculos profesionales relacionados con tu formación y experiencia, e incluso incluyen ofertas laborales.

Ya hemos hablado de cómo la formación te abre muchos caminos, pero en el increíblemente complicado mercado laboral actual, a veces la experiencia resulta imprescindible (todos nos hemos encontrado con la típica oferta en la que se busca a una persona joven, pero con mil años de experiencia…). Por eso, a veces es necesario encontrar un camino “no laboral” para ir ganándola. En ese sentido, en determinados tipos de profesiones el voluntariado puede ser una opción muy interesante para ir ganando esa experiencia que la crisis no nos permite ganar con una relación de tipo laboral. Pero cuidado: Si ejerces de voluntario tienes que tener muy claro cuáles son tus derechos y obligaciones como voluntario. Si eres voluntario, significa que participas en esa entidad o asociación de forma altruista, no remunerada, y sin exigir una relación laboral posterior. No se ha de confundir la experiencia que ganas con el objetivo de un voluntariado.

Todo consejo parece poco para la delicada situación en la que muchos de los potenciales trabajadores de esta sociedad se encuentran, y además, es imposible aplicarlos todos. Pero sé constante, persiste y no te rindas, incluso cuando se te cierre alguna puerta. Porque cuando se cierra una puerta… Bueno, ya sabes. ¡Hasta la próxima!


David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 17 de enero de 2014

¿Por qué no aprendemos inglés?


Tras unos días esforzándome por ponerme al día en mis clases sobre este fantástico idioma, he recordado la siempre utilizada frase de “el inglés tiene que aprenderse cuando eres pequeño, si no después es imposible” para justificar lo difícil que nos resulta llegar a un nivel óptimo en las diferentes destrezas lingüísticas inglesas. Y es cierto: Para llegar a ser bilingüe (en cualquier lenguaje) no hay nada mejor como empezar a practicar el idioma desde los primeros meses de vida. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Cuáles son los mecanismos cerebrales responsables de esta incapacidad (o mayor dificultad) para adquirir un nuevo idioma una vez somos adultos? ¿Es posible llegar a defenderse en un idioma no materno si se empieza a practicar a edades adultas?

-Algunos procesos cerebrales involucrados.


Para realizar un breve apunte al complejo proceso mental que supone aprender un lenguaje, habría que destacar el cada vez más popular concepto de plasticidad neuronal. Este proceso, definido como la capacidad de las neuronas para modificar sus estructuras y funciones según estímulos internos y externos, es el responsable de la adquisición de nuevos aprendizajes, entre los que puede encontrarse aprender un nuevo idioma. Esta capacidad, que nos permite entender el cerebro como un órgano plástico o moldeable, consiste en la generación de conexiones cerebrales, formando nuevas sinapsis (conexiones entre neuronas) tras una serie de complejos procesos neuroquímicos. Pues bien, desde que nacemos empezamos a conectar unas neuronas con otras, y si pensamos que el cerebro de un niño de 6 años ya ha alcanzado el 90% de su valor adulto, podemos entender lo importante que resulta en la infancia estimular la adquisición de un nuevo idioma, exponerle a él, si queremos que un niño lo aprenda (si bien es importante destacar que la maduración neuronal no ocurre al mismo tiempo en todas las áreas del cerebro). Esta plasticidad neuronal es mayor en los primeros años de vida y va disminuyendo gradualmente con la edad, lo que ha llevado a pensar que existe un “periodo crítico” para la adquisición de un nuevo lenguaje, que finaliza alrededor de la pubertad, y tras el cual comenzaría el declive en la habilidad de adquisición lingüística. Esta teoría iría ligada al concepto de especialización neuronal, ya que desde el nacimiento las neuronas van especializando sus funciones, también las lingüísticas, hasta la adolescencia. Por tanto, a medida que maduramos y la organización de nuestro cerebro va haciéndose más especializada, tiende a bajar nuestra capacidad para aprender otro idioma (si bien he de mencionar que esta teoría se encuentra bajo revisión por parte de investigadores y psicolingüistas, ya que plantea una potencialidad limitada en el aprendizaje lingüístico en los adultos). A pesar de esto, se ha de destacar que frente a la menor plasticidad lingüística y (habitualmente) mayor timidez de los adultos a la hora de practicar un nuevo idioma, un adulto ha aprendido a aprender, a “intelectualizar” su aprendizaje, lo que favorece su capacidad de concentración, motivación y niveles de esfuerzo empleados en aprender un nuevo lenguaje.

-El papel de la motivación.

Por tanto, no está todo perdido: Con esfuerzo y tenacidad, un ser humano adulto puede lograr desenvolverse en otro idioma no materno. Especialmente con el inglés, parece que los castellano-parlantes tenemos una bonita relación de amor-odio: Nos gusta apuntarnos a clases, nos suena moderno o cool, siempre es un propósito de año nuevo, viajamos a países donde se habla… Pero no lo aprendemos. Y es que con hacer los ejercicios del Workbook no es suficiente: Para aprender un idioma hacen falta grandes dosis de motivación. Llámalo ponerle empeño, corazón o ganas, pero no aprenderemos un idioma (y realmente nada valioso en la vida) si no estamos motivados a ello. Por tanto, si quieres aprender un idioma, primero pregúntate "¿Por qué quiero aprenderlo? ¿Qué me motiva a ello? ¿Es por un factor interno (me gusta ese idioma y quiero aprenderlo) o externo (lo necesito para mi trabajo o estudios)?" Y tras decidir tus respuestas, establece un plan que se ajuste de manera adecuada a la consecución del objetivo que persigas. Pero cuidado, sé realista, ya que si te propones objetivos con estándares muy elevados o prácticamente inalcanzables (como dominar un idioma en pocos meses) será muy difícil que realmente los alcances, lo que te desmotivará en tu tarea y hará que probablemente abandones el aprendizaje. Por tanto, establece unos objetivos a corto plazo y con una dificultad intermedia (por ejemplo, ir avanzando en los diferentes niveles de un idioma poco a poco) y así, con tiempo, esfuerzo y constancia podrás alcanzar un óptimo nivel en el idioma que elijas.

Finalizo este post con un vídeo muy breve que explica la importancia de la exposición al estímulo (como he citado anteriormente, un ambiente que estimule el aprendizaje de ese idioma) para el aprendizaje de una lengua. Y para todos aquellos que, como yo, estén intentando dominar la lengua de Shakespeare, mucho ánimo… WE CAN!



David Olivares Valles
@davipsico