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martes, 20 de octubre de 2015

Los trastornos en la ficción II: "Siempre Alice".

Como todos los años, el pasado 21 de septiembre se conmemoró el Día Mundial del Alzheimer, demencia neurodegenerativa caracterizada por la pérdida progresiva de memoria, capacidades lingüísticas y de orientación, entre otros muchos síntomas. Las personas afectadas por esta cruel enfermedad parecen ir “desconectándose” poco a poco de la realidad, que les puede producir también cambios bruscos de la personalidad y la aparición de sintomatología asociada a las pérdidas de memoria: Conductas motoras anómalas, alteraciones de conducta, apatía, delirios, desinhibición, etc. Si la enfermedad se detecta de forma precoz, puede producir una seria crisis personal en el afectado, ante el reconocimiento de que en la última etapa de la vida se va a experimentar una pérdida de los recuerdos, aquellos que se van forjando durante toda una vida y que conforman lo que somos en el presente. Por otro lado, también puede suponer una crisis a nivel familiar, debido, por un lado, a que esta enfermedad suele acabar produciendo una dependencia casi absoluta del enfermo para con la familia (con sus consecuencias laborales y económicas), y por otro, por la dificultad de aceptar la enfermedad y los cambios que progresivamente va a producir en el familiar, lo cual puede producir asimismo problemas emocionales (soledad, sensación de sobrecarga, depresión, ansiedad, etc.), que también se han de tratar en el cuidador, trabajando en aspectos como comunicación con el enfermo, manejo de las alteraciones conductuales, relajación, evitación de la sensación de “burnout”, etc.

Podría escribir sobre los distintos aspectos del Alzheimer y la importancia de abordarlos adecuadamente, pero centrándonos en la sección del Blog que nos ocupa, voy a intentar analizar lo mejor que pueda una brillante película reciente que plasma esta problemática: “Siempre Alice” (Wash Westmoreland y Richard Glatzer, 2014), basada en la novela homónima de Lisa Genova y protagonizada por Julianne Moore, quien recibió el Óscar a Mejor Actriz precisamente por su interpretación en esta película. Alec Baldwin y Kristen Stewart completan el trío protagonista de esta triste historia, en el papel de marido e hija pequeña, respectivamente. Veamos más detalladamente los distintos aspectos a analizar en este caso.


-Argumento y trastorno presentado.

Cuando pensamos en la palabra “Alzheimer”, nos vienen a la cabeza imágenes de abuelitos, personas muy mayores que no nos reconocen ni saben dónde están. No pensamos que el Alzheimer es una enfermedad que puede empezar a afectar en edades más tempranas que la vejez tardía, como es el caso de esta película. Alice es una respetada profesora de universidad que empieza a notar que pasan cosas raras en su vida. Olvidos, despistes, pérdidas… Que empiezan a alarmarla y a hacerle plantearse la visita a un especialista.

-Síntomas: Manejo y consecuencias.



Entre los síntomas iniciales que aparecen en Alice encontramos pequeños cambios cotidianos, que empiezan a hacer evidente su deterioro cognitivo, como olvidarse de cómo hacer una receta que hacía desde hace años, meter el champú en el frigorífico, olvidar el nombre de cosas de la casa, etc., así como otros sucesos que implican también una dimensión social, como olvidarse de lo que iba a decir durante una lección en la universidad, o problemas de orientación (se pierde corriendo en un sitio muy habitual para ella). Además, en la película se puede apreciar de forma muy evidente el tipo de evolución que tiene la enfermedad. Por ejemplo, al principio tiene algunos problemas con el reconocimiento de personas que conoce poco (como la nueva novia de su hijo, a quien no recuerda haber visto previamente), si bien llega a tener problemas para reconocer a su propia hija o (al final de la película, cuando su deterioro ya es más avanzado, a su cuidadora profesional). Este deterioro progresivo también se hace evidente en las distintas evaluaciones neuropsicológicas que le realiza el neurólogo, y que también aparecen en la película: Se puede apreciar el cambio en variables como memoria verbal inmediata, memoria episódica, memoria a largo plazo, denominación de imágenes, etc.

También resulta interesante estudiar las diferentes reacciones de Alice y su familia ante el conocimiento de la enfermedad. Aunque en un primer momento intenta mantener las formas hasta tener el diagnóstico definitivo, Alice tiene una inevitable “explosión emocional” con su marido, donde estremece ver en sus ojos el miedo, la ansiedad y la incertidumbre ante su futuro. El impacto en la familia es doble: Por un lado, por la propia juventud de Alice, y por otro, porque la tipología de inicio temprano de Alzheimer que ésta padece es hereditario, y por lo tanto los hijos pueden hacerse un estudio genético para evaluar las probabilidades que tienen de desarrollarlo en el futuro. También se ha de destacar que en distintas ocasiones el papel de John, el marido, parece ser un poco frío, no terminando de asumir la sintomatología asociada a la enfermedad de su mujer, o no comunicándose con ella o su familia correctamente (como por ejemplo, durante una comida en la que la hija mayor y él hablan de la enfermedad como si Alice no estuviera presente, cuando ella aún está muy consciente a nivel cognitivo), por lo que se echa en falta en la película una intervención psicológica familiar que les explicara también cómo sobrellevar mejor todo el proceso.

-Curiosidades.

Como se observa en la película, el Alzheimer no hace distinciones. Está claro que tener una vida activa a nivel psicológico, físico y social puede ejercer de efecto preventivo, pero no en casos como el de Alice. Por ello, me resulta muy llamativo cómo la película refleja que, al ser Alice una persona joven y con un gran desarrollo intelectual, inventa técnicas que le ayudan a ella misma a manejar sus síntomas o incluso a controlar su avance, como los recordatorios del móvil, las preguntas que intenta periódicamente contestar, las palabras que intenta memorizar en la cocina, el juego con su hija, el utilizar un rotulador fluorescente para marcar lo que ya ha leído y no repetirse así en su discurso, etc.

Por otro lado, he de decir que hay escenas que resultan especialmente desgarradoras. Por ejemplo, cuando visita una residencia de ancianos y se da cuenta hasta dónde puede avanzar su enfermedad, o cuando los problemas de orientación empiezan a extenderse a espacios cotidianos (como su casa en la playa, lo que hace que finalmente no encuentre el baño y se orine encima).

Mención especial a algunas declaraciones de Alice, frases que intentan describir la crudeza de esta enfermedad desde la perspectiva de quien la sufre, tales como “es como si algo se desplomara debajo de mí”, “todo por lo que he trabajado toda mi vida está desapareciendo”, “en los días malos siento que no me encuentro a mí misma” o “a veces veo las palabras delante de mí, no logro alcanzarlas, no sé quién soy, no sé qué será lo siguiente que pierda”. Y a nivel visual, también me parecen sublimes las escenas de flashback de su propia infancia, en la playa, toda una metáfora de los recuerdos a los que esta enfermedad intenta atacar.



-Nivel de realismo.

Por todo lo anteriormente descrito, el papel de Alice, con su sintomatología y su situación familiar, era muy arriesgado y requería de un nivel dramático realmente complejo, cosa que desde mi punto de vista Julianne Moore ha superado con creces (algo que también reflejan sus números premios). “Siempre Alice” es una película que ha dado visibilidad a cosas que, hasta hace poco, parecían tener poco espacio en la ficción: Sufrir una demencia siendo una persona joven, y mostrar síntomas de la enfermedad que van más allá de los problemas de memoria, como son la desorientación, los problemas de lenguaje y otros problemas de tipo cotidiano, cosas que sólo se ven en el día a día. Asimismo, me parece brillante el discurso que pronuncia antes de que sus síntomas empeoren todavía más, poniendo al alza la importancia de preservar la dignidad y las decisiones de las personas que sufren una enfermedad. Y es que, desde mi punto de vista, Alice tiene razón; el Alzheimer todavía supone un tabú, mientras que la comprensión de los síntomas y la lucha social por otras enfermedades parece mayor. Por último, sólo decir que esas emotivas palabras de Alice me parecen una enseñanza de la vida en general. En este mundo hay una especie de progreso doloroso, añoramos lo que dejamos atrás y soñamos con lo que vendrá. Pero hay que vivir el momento; eso es lo único que las personas con Alzheimer pueden hacer.

-Tráiler.


David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 8 de mayo de 2015

Los monstruos del espejo.



Haciendo una parada en las mini-secciones recientemente estrenadas en este Blog, hoy dedico esta publicación a un tema sobre el que llevo meses queriendo escribir. Como ya dije nada más abrir mi página de Facebook, me topé con una serie de Blogs y páginas web que hacían apología de la Anorexia y la Bulimia, a través de una petición popular para cerrarlas. Y es que a nivel de medios de comunicación, parece que ya no se habla tanto de dichos trastornos, pareciendo incluso que sean un tema “pasado de moda”. Sé que sobre esto ya se han escrito muchísimas cosas durante años, pero me parece importante hacer un pequeño resumen en este punto para todos aquellos que no conozcan las características básicas de estos problemas.

-La influencia de los medios de comunicación.

Sin apenas darnos cuenta, estamos constantemente bombardeados por un sinfín de anuncios, programas, imágenes y productos que nos presentan a modelos de cuerpos esculturales y atractivos. De hecho, si nos fijamos, en ocasiones se condiciona ese ideal de belleza con la felicidad, creando así la idea errónea de que sólo seremos felices (igual de “felices” que esos modelos) si nuestro cuerpo también es así. Si a esto le sumamos que muchos de esos productos están diseñados y enfocados al público joven y/o adolescente, puede empezar a formarse una peligrosa cadena de pensamientos que lleven a un joven a obsesionarse por su físico.

Resulta obvio que un cuidado de nuestro aspecto y de nuestra salud es siempre importante, que la participación en actividades deportivas es beneficioso para los adolescentes (donde también cumple una importante función de interacción social extracurricular) y que la opinión que los demás tienen de nuestra personalidad y de nuestro físico es, si cabe, más importante en esta etapa que en cualquier otra de nuestro desarrollo evolutivo. Sin embargo, padres y educadores deben prestar mucha atención a algunos signos de alarma que podrían indicar la existencia de un trastorno de la conducta alimentaria.

-Dónde está la línea: Qué son la anorexia y la bulimia.


La anorexia nerviosa y la bulimia son, en resumen, trastornos de la conducta alimentaria caracterizados por un hambre auto-inducido y una excesiva pérdida de peso (anorexia), y por la aparición de atracones de comida seguidos de purgas u otras conductas dirigidas a compensar los efectos de ese atracón (bulimia), pudiendo existir en estos trastornos una alteración de la propia percepción corporal. Esto último implica que las personas con este tipo de problemas se siguen percibiendo como “gordas” en el espejo, a pesar de que su delgadez resulta extrema y evidente para el resto. Todo ello va acompañado también por un miedo excesivo e irracional a ganar peso y por otros síntomas patológicos como ansiedad, sensación de soledad y aislamiento, depresión, etc. Si quieres ampliar el estudio sobre estos trastornos, puedes consultar todos los criterios diagnósticos del DSM IV-TR para estos trastornos aquí, e incluso saber qué cambios se han producido en el DSM V aquí.

Por tanto, se pueden establecer unas señales de alarma básicas para detectar cuanto antes la presencia de algún problema relacionado con la comida o con la conducta alimentaria: Pérdida de peso excesiva y rápida, negativa repetida a comer una cantidad lógica de comida, obsesión por las calorías de  los alimentos, eliminación o desaparición de las comidas entre horas (por ejemplo, tirar repetidamente a la basura el bocadillo del almuerzo en el instituto), disminución en la asistencia a reuniones sociales por miedo a que se fijen en el físico, actividad física excesiva, obsesión por la belleza y la perfección, etc. Como en otros problemas, detectar cuanto antes algunos factores de riesgo y trabajar en ellos va a ayudar a que no se desencadene un problema mayor que pueda afectar seriamente a la salud física y psicológica de un joven o adolescente.

-Tratamiento.

En el caso de la anorexia, resulta casi obvio que el primer objetivo médico con un paciente debe ser el restablecimiento del peso hasta unos niveles clínicos saludables, tras lo cual debe haber un trabajo psicológico importante en aquellas variables que han influido en el mantenimiento del problema, tratando también de evitar las recaídas. Se ha de destacar que, si bien las terapias de ingreso hospitalario de corte conductual basadas en refuerzos/castigos dependiendo del aumento o no de peso pueden ser eficaces a nivel físico, una adecuada Reestructuración Cognitiva (de la que también se ha hablado ya en este Blog) parece esencial para cambiar toda una serie de actitudes y creencias con respecto a la figura, el cuerpo y la comida. También se ha de señalar que un trabajo multidisciplinar y un buen apoyo familiar son fundamentales para una buena recuperación. En este interesante vídeo quedan resumidas algunas de las áreas en las que se debe intervenir con estos pacientes:


En el caso de la bulimia, el rango de tratamientos es más amplio, pasando desde terapias de corte cognitivo-conductual a terapias sistémicas, farmacológicas, exposición con prevención de respuesta, etc., para trabajar en los múltiples (y complejos) factores implicados. Para aquellos compañeros psicólogos (o que aspiren a serlo) os enlazo aquí a un interesante artículo de la revista de divulgación científica “Psicothema” donde podéis estudiar cuáles son los tratamientos bien establecidos, probablemente eficaces y en fase experimental, para trabajar en consulta estos trastornos de la conducta alimentaria.

En definitiva, la anorexia y la bulimia siguen siendo un problema actual, que se puede prevenir, detectar y tratar eficazmente, y en el que los medios de comunicación y los ideales de moda y de belleza tienen mucho que decir. En mi opinión, desde edades tempranas, familias y educadores deberíamos ser capaces de introducir como un factor más de nuestra personalidad la capacidad de querernos a nosotros mismos, de mejorar nuestra autoestima, de aceptarnos y de (cuidando nuestro físico y nuestra salud) ser felices con nuestro propio cuerpo. 



David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 30 de enero de 2015

Psicología y Pseudociencias. Mitos y realidades I.



Además de las diferentes reflexiones y temáticas de carácter psicológico de los distintos posts, creo que este Blog también puede ser un lugar perfecto para ir rompiendo algunos mitos que rodean al trabajo de los psicólogos. Y no me refiero sólo a los típicos clichés y frases como las de “parece mentira que seas psicólogo” o “cuidado, que es psicólogo y nos puede leer la mente”, sino a cosas que parecen estar dentro del trabajo de un profesional de la Psicología pero que realmente no lo están (o, al menos, dentro del método cognitivo-conductual, contrastado y científico). Voy a intentar hacer un post diferente analizando algunos ejemplos 100% reales con los que me he ido encontrando.

-“¡Deja de fumar en una sola sesión!”.

No seré yo el que diga que quien haga este tipo de cosas esté haciendo algo incorrecto o que no funcione, por supuesto. Pero sí afirmo que es muy, muy, muy complicado que un paciente con una fuerte adicción al tabaco deje de fumar así porque sí en un solo día, por muy buena que sea la técnica en cuestión que se utilice. Ya es difícil dejar una adicción en una serie de sesiones estructuradas en el tiempo que incluyan el trabajo en un conjunto de variables psicológicas (reducción de la ansiedad, reestructuración cognitiva, cambio de hábitos, etc.) o siguiendo un modelo concreto, por lo que debo no recomendaros este tipo de milagros psicológicos, ya que (además de que habitualmente son muy caros) suelen tener una efectividad y rigurosidad dudosa. Y sí, puede que conozcamos algún caso de una persona que ha dejado de fumar de un día para otro, sin necesidad de acudir a un médico o psicólogo, pero es probable que todavía sienta ansiedad al ver u oler el tabaco o incluso haya recaído en diversas ocasiones.

-“¡Mejora tu autoestima con esta crema especial!”.

Lo siento, pero no. No hay una correlación biológica demostrada entre una crema hidratante y un constructo psicológico, al menos de momento. Otra cosa bien distinta es que debido a la utilización de una crema (u otro producto de cosmética) te sientas mejor, más cuidad@, más limpi@ o más guap@; resulta obvio que nuestro aspecto físico puede influir de manera relevante en la valoración que hacemos de nosotros mismos. Pero no hay una relación directa: Un perfume, crema o producto no te sube la autoestima. Si quieres mejorar tu autoestima, tómate unos minutos para analizar las cosas buenas de tu vida y de tu personalidad, y párate a pensar si tu aspecto físico tiene más peso en tu autoestima que tus ideas, valores, actitudes y sentimientos. O directamente, ves a un psicólogo: Te ayudará a aceptarte a ti mism@, a cambiar aquellas conductas negativas que te afectan y a tener una visión realista de tu persona.

-“Es que yo no creo en psicólogos”.


Es que esto no funciona así. La Psicología no es algo en lo que se crea o no se crea, es una ciencia. Nadie diría “yo no creo en los médicos”. Y es que, salvando las distancias, en el ámbito clínico-sanitario los psicólogos no somos una especie de adivinos super-héroes soluciona-problemas, sino profesionales que recopilamos información sobre conductas, antecedentes y consecuentes, para ayudar a los pacientes a solucionar sus problemas, superar sus miedos o ser más felices mediante una serie de pautas que ellos tienen que ir trabajando y aplicando en su día a día. Porque sí, esto es así de duro: Aunque des el paso de ir al psicólogo, el gran esfuerzo para obtener un cambio vas a tener que realizarlo tú. Por otro lado, como en todos los gremios, hay buenos y malos profesionales, y eso no debería restar rigor a su profesión. Piensa que un mal fontanero no te hace dejar de creer en la fontanería, ¿verdad? Pues lo mismo.


Estas son, de momento, algunas de las ideas sobre la Psicología que quería ir desmontando. Espero poder ir complementando esta mini “sección” del Blog en un futuro, según me vaya encontrando con más mitos e ideas sobre esta bonita (y a veces mal entendida) profesión. Hasta la próxima, os dejo con un vídeo que ilustra de forma muy resumida por qué acudir a un psicólogo: No implica que estés loco, implica un paso importante para resolver tus problemas de manera profesional, seria, y más efectiva.


David Olivares Valles
@davipsico

martes, 16 de septiembre de 2014

Deporte y autoconfianza: Un motor para la autoestima.



Cuanto más deporte hago, más me gusta y más me asombra la capacidad que tiene para, además de mantenerte en forma y preservar tu salud, hacerte sentir bien. Y es que más allá de los efectos fisiológicos directos de las endorfinas (de los que ya hemos hablado en este Blog), la actividad física puede ser una forma perfecta de ganar confianza y preservar la autoestima, de ahí que incluso ayude a aliviar estados ansiógenos o depresivos.

-Superación deportiva y logro de objetivos.

Es bien sabido que una forma de sentirnos bien con nosotros mismos es conseguir objetivos que nos planteemos, sean de carácter laboral, académico, personal o deportivo. La consecución de estos últimos es especialmente gratificante, ya que generalmente requieren un nivel de esfuerzo físico y mental superior a lo logrado hasta el momento. Además, para lograrlos se necesita un entrenamiento constante, periódico y (por lo general) bastante prolongado en el tiempo, lo que hace que la consecución de dicho objetivo esté más constantemente presente en nuestra mente. Como ejemplo, una persona que desee acabar un Maratón por primera vez necesita meses de preparación, planes de entrenamiento, muchos preparativos, duras sesiones de ejercicio, etc., por lo que al terminar dicha carrera, la satisfacción es muy grande.

Esta satisfacción al lograr nuestro objetivo deportivo deseado puede provocar una sensación personal de fortaleza y bienestar que aumenta la visión positiva que tenemos de nosotros mismos, de ahí que nuestro autoconcepto y nuestra autoestima salgan reforzados de la actividad física, sea ésta realizada individualmente o en grupo.

-Deporte y motivación personal.


Para que una experiencia deportiva nos resulte gratificante, deben seguirse algunas de las pautas básicas de la motivación humana para no caer en el aburrimiento, la rutina o los esfuerzos inadecuados. Para empezar, debemos establecernos expectativas que sean realistas, alcanzables con un entrenamiento a corto-medio plazo. Y es que en el deporte no se puede pasar de 0 a 100; por ejemplo, tras estar meses sin realizar ejercicio físico, tenemos que empezar progresivamente, de menos a más, y teniendo claras nuestras limitaciones (por ejemplo, con la bicicleta: Empezar dando paseos suaves que, progresivamente vayan aumentando en intensidad). Además, se debe tener en cuenta que los objetivos a corto plazo (es decir, aquellos que se pueden conseguir en unos días o semanas) son más fáciles de conseguir y, por tanto, nos ayudarán a persistir en el ejercicio (si nuestra meta es, por ejemplo, adelgazar 20 kilos de aquí a 3 años mediante el ejercicio, probablemente nos cansemos antes y abandonemos enseguida). Hay que tener en cuenta que estas “reglas” no se aplican sólo a grandes objetivos deportivos, sino también a cualquier rutina deportiva que se tenga establecida (salir a caminar, actividades pautadas en un gimnasio, etc.). Y, por supuesto, debemos elegir la práctica de un deporte que nos resulte divertido o gratificante; en definitiva, que nos motive.

Por todo esto, podríamos hablar de otra “vía” con la que conseguir bienestar psicológico a través del deporte: Además de las endorfinas, la satisfacción por conseguir los objetivos que nos habíamos propuesto. Como experiencia personal, he de decir que pocas sensaciones se parecen a correr el último kilómetro de un Maratón: Tras haber sudado un buen puñado de duros entrenamientos, llevar muchos kilómetros en las deportivas, haber tenido bastantes dolores y agujetas e incluso haber pensado mil veces que no serás capaz, lo que sientes al ver la línea de meta es algo que no se puede expresar con palabras. Por eso, mi consejo (para el deporte y para la vida en general) es que os esforcéis, que os pongáis objetivos, que no hagáis caso de quien dice que no podéis hacerlo (sobre todo si ese alguien sois vosotros mismos), y que perseveréis. Los esfuerzos se recompensan, y los objetivos llegan.

Para terminar, os dejo con un vídeo que expresa gráficamente cómo el “trabajo duro” beneficia a nuestra mente. Disfrutad y ¡a por ello!


David Olivares Valles
@davipsico

lunes, 14 de abril de 2014

La mente del corredor.


En los últimos años, el “running” (o como se ha llamado toda la vida “salir a correr”) se ha establecido como una nueva moda a nivel mundial, tomándose como un estilo de vida, una rutina que a muchos nos es imposible dejar e incluso convirtiéndose en una poderosa arma de negocio. Pero, ¿qué hay de cierto en que salir a correr es siempre beneficioso para la salud? ¿Puede el running mejorar también nuestra salud psicológica? ¿Se puede utilizar como una herramienta para un importante cambio personal?

-El importante papel de las endorfinas.

Las verdaderas responsables de quedar “enganchados” a correr son las endorfinas. Son neuropéptidos, liberados por la glándula hipófisis, que nuestro cerebro produce ante la realización de determinadas actividades (no sólo corriendo, sino también con otro tipo de actividades placenteras o consideradas relajantes) y que tras correr producen en nuestro cuerpo una sensación de bienestar, de felicidad, que hace que queramos volver a salir a correr, que queramos ir más allá o que queramos ponernos nuevos retos u objetivos deportivos.

-Correr más beneficia a tu mente.

Como otros deportes, el running es una muy buena forma de combatir el estrés de la vida diaria, de liberar tensiones y también, debido a los ya mencionados efectos en nuestro cerebro, de reducir síntomas depresivos o bajos estados de ánimo. Dentro del estresante modo de vida actual, en muchas ocasiones salir a correr nos proporciona el tiempo perfecto para desconectar, o por el contrario, para reflexionar sobre las preocupaciones de nuestra vida laboral, social o personal, interviniendo así en la solución de problemas. También puede ser una importante herramienta para la motivación personal, es decir, para el establecimiento de nuevos objetivos, promoviendo la cultura del esfuerzo y aumentando la autoestima y autoeficacia personales tras la consecución de los mismos. Y a pesar de que es una actividad que puede realizarse de forma individual, su práctica en grupo es una manera perfecta de fomentar nuestras relaciones sociales, crear sentimiento de grupo y mejorar la comunicación intergrupal.

-Correr con cabeza.


Durante años, parecen haberse corroborado la enorme cantidad de efectos beneficiosos que correr tiene en la salud física, efectos que se extienden desde un mejor funcionamiento de los sistemas circulatorio, hormonal, óseo, etc., hasta el sistema nervioso e incluso el inmunitario, además de que es una actividad recomendable para perder peso y disminuir los niveles de grasa corporal. Sin embargo, correr es una actividad cuyo progreso ha de realizarse escalonadamente, poco a poco. En caso de principiantes, se ha de tener en cuenta además el estado de salud previo antes de empezar a correr, ya que, por ejemplo, una persona que se está recuperando de alguna lesión o sufre de una enfermedad puede empeorarla si corre. Y por otro lado, en el caso de correr con el objetivo de finalizar alguna carrera (10 kilómetros, Maratón o medio Maratón, etc.), siempre será recomendable la ayuda de un técnico o especialista que te asesore con un determinado plan de entrenamiento, ya que si realizas sobreesfuerzos, sobreentrenamientos, o por el contrario corres una carrera sin la preparación adecuada, tu salud se puede ver perjudicada. Además, hay que tener siempre en cuenta determinadas pautas de alimentación (algo imprescindible), descanso, sueño y recuperación muscular que permitan mejorar todavía más el rendimiento deportivo.

En conclusión, si bien correr es una actividad implícita en otros deportes, también puede ser una disciplina en sí misma que, ya sea a nivel amateur o competidor, puede convertirse en algo más que un hobbie: Por experiencia propia, el running puede suponer un gran cambio personal. En futuros posts os contaré cómo será mi paso por mi primer Maratón, el Rock and Roll Madrid Maratón de este año. Hasta entonces… ¡A CORRER!


David Olivares Valles
@davipsico

viernes, 14 de febrero de 2014

La autoestima en la tercera edad.


A pesar de los avances en geriatría y la variedad de recursos asistenciales con los que cuentan nuestros mayores hoy en día, en muchas ocasiones nuestra sociedad (y casi sin darnos siquiera cuenta) tiende a considerar a los ancianos como a “trastos viejos”, sin ninguna utilidad; meros entes que miran la poca vida que les queda correr ante sus ojos. Muy pocas veces pensamos que son un foco de experiencia, de sabiduría, que siguen necesitando participar en la sociedad y, sobre todo, que siguen necesitando nuestro cariño.

-El trato que reciben los mayores.

Sobre las personas ancianas, al igual que ocurre con otros grupos sociales, existe todo un cúmulo de prejuicios y estereotipos que entorpecen la aparición de una visión positiva de la vejez. Se les percibe como personas cansadas, muy tradicionales, ancladas en el pasado, aburridas, dependientes, solitarias… Estos prejuicios pueden provocar que, en ocasiones, los familiares y/o amigos del anciano no le dispensen el trato más correcto, ya sea mediante conductas verbales inapropiadas, agresividad, falta de apoyo, descuido en la higiene o alimentación (si el anciano es dependiente), aislamiento, etc.; todo ello con fatales consecuencias para el bienestar físico y psicológico del anciano. Si a la aparición de ciertas actitudes discriminatorias unimos las pérdidas que suelen ocurrir en esta etapa vital (pérdida del trabajo por la jubilación, muerte del cónyuge u otros familiares y amigos, pérdida de alguna capacidad como consecuencia de alguna enfermedad, etc.) y la difícil situación socio-económica (crisis, pensiones insuficientes, pocos recursos sociales, etc.) la vejez puede convertirse en un periodo realmente complicado; un final del camino con muchas cuestas.

En algunos casos, son las propias personas mayores las que (por ejemplo, una vez se jubilan) creen en ese enfoque “triste” de la última etapa de sus vidas, por lo que se ajustan a esa determinada forma de ser, algo que puede provocarles problemas de depresión, ansiedad o soledad si su forma de ser anterior no encaja con la visión que los de su alrededor, y él mismo, tienen de la vejez. Sin embargo, el percibir la propia vejez de un modo u otro depende en gran medida de la personalidad del anciano, de su nivel educativo, de la preservación de sus capacidades cognitivas, de su estado de salud y de su autoestima.

-Los pilares de la autoestima.

La vejez es una ciclo vital que pone en serio riesgo la autoestima personal. Por un lado, el cambio de rol social (de trabajador a jubilado, por ejemplo) puede ser peligroso para la propia valoración que un anciano realiza de sí mismo si, por ejemplo, toda su vida estaba centrada en torno al trabajo, ya que puede llegar a sentirse una persona inútil, sin valor, sin nada que hacer. Lo mismo ocurriría en otro anciano que, acostumbrado a realizar únicamente ejercicio físico en un cierto nivel (sin cuidar sus relaciones sociales), sufriera una enfermedad que le impidiera siquiera salir a caminar todos los días. Por tanto, conforme vamos haciéndonos mayores conviene dividir los pilares de nuestra felicidad entre las diversas opciones que la vida nos ofrece; es decir, ir forjando diferentes áreas en las que nos sintamos útiles y satisfechos en nuestra vida, algo que favorecerá una vejez más rica y preservará nuestra autoestima en caso de que uno de esos pilares se derrumbe.

En el caso de ancianos residentes en instituciones (residencias, hospitales geriátricos, centros de día, etc.), su autoestima dependerá, además de todo lo anterior, del trato recibido en la misma, de los servicios que la institución ofrezca, de las relaciones sociales que el anciano haya establecido y de cómo se mantenga la relación familiar (frecuencia de visitas, apoyo social, emocional e instrumental de la familia, etc.). En este punto resulta fundamental destacar que muchos ancianos, por diversos problemas (demencias, síndromes de inmovilización provocados por enfermedades crónicas u otros) son completamente dependientes para todas las actividades básicas de la vida diaria; sin embargo, es fundamental intentar preservar su autoestima y dignidad personal.

-Dignidad personal en ancianos dependientes.


Con aquellos ancianos, sean nuestros pacientes o nuestros familiares, que no se pueden mover, que no pueden hablar o que ni siquiera parecen entender lo que decimos o hacemos, es especialmente importante ser cuidadosos y cariñosos. Puede que un anciano pierda (por diversas circunstancias) calidad de vida, pero nunca debe perder su dignidad personal. Esto se traduce tanto en la necesidad de llevar a cabo sus cuidados de forma rigurosa y efectiva (higiene y aseo personal, curas o toma de medicación, entre otros) como en seguir hablándoles, teniéndoles en cuenta, darles cariño y hacerles compañía. Un "buenos días", un beso, una caricia o una simple sonrisa, todas esas cosas que en nuestra sociedad han quedado relegadas como algo insustancial, pueden suponer la felicidad de un anciano dependiente.

Todo esto no es más que una pequeña aproximación a la gran problemática psicosocial que plantea la vejez. Lo importante es dejar de manifiesto que tenemos que procurar entender las necesidades y los cambios de nuestros ancianos, desde la perspectiva más proactiva y positiva posible, y por otro lado (para cuando nosotros lleguemos a esta edad) saber que es importante cuidar no sólo nuestra salud, sino también nuestra mente. Finalizo este post, por un lado, con el tráiler de la película “Arrugas” (basada en el cómic homónimo) que os recomiendo encarecidamente; es una muy buena reflexión sobre los cambios que produce la vejez y la enfermedad de Alzheimer.


Y por otro, con la fantástica canción de Amaral “Olvido”, que me emociona cada vez que la escucho. Porque un anciano con Alzheimer puede olvidar muchas cosas, pero jamás olvidará sus sentimientos.


David Olivares Valles
@davipsico